EL FUTURO DE LA ALIMENTACIÓN

In this article:

Autor: Xavier Melo- Presidente Fundación ICLOBY

Del desperdicio de comida y la transformación de la industria al cambio climático

Sobre la cuestión del desperdicio de comida contamos con el reciente informe de Hamis Forbes, Tom Quested y Clementine O´Connor para Naciones Unidas, con el título: “Food Waste Index”, complementando al de la FAO (Food Agriculture Organization) que mide las pérdidas en la cadena de producción de alimentos, y enfocándolo al desperdicio en las casas, los servicios de alimentación (restaurantes) y minoristas. El interés de este trabajo es que, aunque son cuestiones son muy difíciles de evaluar, y más en una comparación internacional, permite disponer de datos, aunque sean tentativos, y proporciona una metodología uniforme para que los países puedan medir el desperdicio de alimentos.

En la Fundación Icloby somos especialmente sensibles a un tema relacionado íntimamente con el objetivo 12.3 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, cuya mitigación contribuye además a la lucha contra el cambio climático, al ahorro de dinero, y reducir la presión sobre la tierra, agua y los sistemas de residuos. Se calculan 931 millones de toneladas de desperdicio alimentario en un año, de las que el 61% corresponden a las familias, 26% a los servicios de alimentos, y 13% a minoristas; esta cantidad supone el 17% de la producción global de alimentos. Resulta sorprendente y llamativo que el desperdicio es similar en casi todo tipo de familias y países, aunque desde luego por causas muy diferentes como puede ser la dificultad de conservación; también el tipo de alimento, calidad y precio de lo que se desperdicia es muy distinto, pues sólo se mide en peso. En cualquier caso, la conclusión es que son aplicables en ámbitos diversos enfoques de circularidad y aprovechamiento alimenticio, y para niveles de rentas diferentes.

Otro enfoque del tema lo tenemos en el estudio de la gestora ROBECO: “El futuro de los alimentos”, donde se indican las tendencias que configuran la oferta y demanda de productos alimenticios, y que son un reto para las grandes compañías alimenticias. La tecnología ha ayudado a mejorar las cosechas y reducir el hambre y la pobreza global asociada con la escasez de alimentos, pero también ha propiciado plantaciones masivas con efectos de degradación ambiental. Por otra parte, y hasta fechas próximas, se han favorecido dietas de altas calorías y alimentos muy procesados, que han llevado a problemas de obesidad generalizados, lo que no deja de ser una paradoja cuando se plantea un problema de hambre en el mundo; son muchos y diversos los países -con la excepción del Sureste Asiático- donde la población obesa supera el 25% del total. Todo esto da lugar a cambios como el aumento de los alimentos sin procesar, que en Estados Unidos y Europa evolucionan recientemente al ritmo del 10% y 15%, aunque siguen siendo una fracción pequeña del consumo total de alimentos. Y también se plantea la eficiencia en las producciones, pues por ejemplo por cada 100 kilogramos de pienso se producen 56 de pescado y sólo 7 de carne.

Los cambios empresariales que se observan vienen en relación con la provisión mediante envío periódico de alimentos frescos a domicilio, que requiere para ganar en cuota de mercado una logística y digitalización avanzada. Esta digitalización se da en varios ámbitos, desde la previsión estadística de demanda en mataderos, hasta la operatoria de restaurantes. Las inversiones resultan atractivas en plantas de comida y bebida, los alimentos que se envían periódicamente, y el software para restaurantes; son menores en el ámbito de los ingredientes para las comidas, y en el sector de la pesca marina; y la oportunidad es muy baja cuando se trata de competir con los grandes productores de alimentos, que han ido afianzándose mediante compras y fusiones. Hay que considerar los factores de crecimiento de la población y los cambios en el crecimiento de la demanda por habitante, que difieren por zonas geográficas y a partir de hábitos seculares de consumo.

Por último, no puede hablarse de alimentación sin mencionar la influencia del cambio climático en la agricultura. Tomamos como referencia África, donde los problemas medioambientales desestabilizan los mercados locales, y ponen en riesgo las inversiones en agricultura. Se predicen períodos prolongados de sequía en el Norte y Sureste de África, y volatilidad de las producciones para consumo interno o exportación; se estima que en 2030 la probabilidad de cambios extremos en las producciones de algodón, maíz, trigo y café puede ser del 10%, 25%, 10% y 25%, respectivamente, lo que resulta elevado teniendo en cuenta que hablamos de situaciones extremas. Frente a esto, y dada la irreversibilidad probable del cambio climático sólo se puede responder con soluciones tecnológicas como semillas resistentes, eficiencia en el uso del agua, mejores comunicaciones de transporte, y sistemas de almacenaje y refrigeración, lo cual es también importante para evitar el desperdicio de alimentos a que nos referíamos al principio. En suma, el futuro de la alimentación puede verse desde tres ángulos, como es el desperdicio, la evolución de la industria y servicios de alimentación, y la influencia del cambio climático, que convergen en una visión asociada a los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

 

 

 

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on whatsapp
WhatsApp

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

Publicar comentario

Share this post

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on whatsapp
WhatsApp

Recent articles

Featured articles