LOS ESG EN LAS NUEVAS GUÍAS SOBRE PRÉSTAMOS BANCARIOS DE LA EBA

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Autor: Dr. Xavier Melo Bulbena

 

Uno de los aspectos más apasionantes de los criterios medioambientales, sociales, y buen gobierno (ESG) -dentro de los objetivos de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas-, es su incorporación a las inversiones; y en este sentido se ha desarrollado considerablemente en los fondos de inversión, de manera que para sus carteras se seleccionen acciones o bonos emitidos por compañías y estados, que cumplan con esos criterios. Esto ha dado lugar a un complejo sistema de clasificaciones y evaluación, y al reto, no resuelto por el momento, de disponer de métricas homogéneas que permitan comparar esos fondos; aun así, el desarrollo de los llamados fondos ESG ha sido espectacular.

Sin embargo, hasta ahora no se disponía de una manifestación explícita por parte de un regulador bancario, de cómo estas entidades deben incorporar los criterios ESG en la concesión de créditos; es verdad que en lo que se refiere a las hipotecas, la llamada “hipoteca verde” muestra la voluntad en la Unión Europea de establecer condiciones de financiación favorables a viviendas que sean eficientes medioambientalmente, pero faltaba abordar la cuestión con mayor alcance. La publicación hace unos días del “Informe final sobre guías de concesión y seguimiento de crédito”, por la Autoridad Bancaria Europea (EBA), marca un hito en este sentido, y aunque lo haga con timidez, da algunas indicaciones precisas sobre el particular.

Hay tres ámbitos a destacar. Uno es el de la responsabilidad social hacia determinados clientes, que figura en el punto 39 de la Guía; en él se recomienda que dentro de la estrategia de riesgo de crédito se tengan en cuenta situaciones específicas del prestatario, dando un tratamiento justo a personas que se encuentran en dificultades económicas. Esta observación es importante, teniendo en cuenta que la EBA es una institución muy aséptica, que sólo pone énfasis en el riesgo bancario. También se dice que los productos que se diseñen para consumidores deberían hacerse de una forma responsable, con lo que se busca evitar créditos renovables, aún de pequeña cuantía y plazos cortos, pero que soportan elevados tipos de interés y llevan a acumular una deuda considerable.

El otro ámbito de factores medioambientales, sociales y de gobernanza, se recoge en los puntos 56 y 57, y se centra fundamentalmente en el medioambiente. Se recomienda incorporar estos factores y sus riesgos en las políticas y procesos de gestión y propensión al riesgo de las entidades, adoptando un enfoque comprehensivo de los potenciales impactos de en la calidad crediticia del prestatario. Está claramente enfocado hacia el riesgo que el impacto ambiental puede tener en el prestatario y en el préstamo, y se incluye el propio impacto material del cambio climático en una actividad productiva, así como los efectos de obligaciones que puede imponer la legislación en la transición a una economía de bajo carbón. Se añade también el impacto posible en los negocios por cambios en la sensibilidad de los consumidores, relacionados con el impacto medioambiental de una actividad o sector productivo.

Y el tercer ámbito donde se mueve la Guía es el de las entidades que planean productos de crédito con características de sostenibilidad medioambiental, y recomienda definir políticas y procesos sobre lo que se considera crédito medioambiental sostenible. Además, pide que se confeccione una lista de proyectos y actividades que se pueden financiar con estos criterios, así como disponer de información cuantificada sobre negocios sostenibles y ver cómo su financiación encaja con los criterios de la entidad. En suma, como se recoge en los puntos 58 y 59 de la Guía, la entidad bancaria debería relacionar sus compromisos generales en materia medioambiental y clima, con su política y procesos de crédito sostenible.

Queda todavía camino por recorrer, y se echa en falta que la EBA no haya desarrollado los elementos de responsabilidad y gobernanza del prestatario, limitándose sólo al primer criterio -el medioambiental- de las ESG; sin embargo, es difícil no reconocer la relevancia de este primer paso, que sin duda hará que las entidades bancarias se interesen aún más por estas cuestiones, y dediquen recursos a las mismas. Hay que tener en cuenta que se trata de mejorar el riesgo de crédito, evitando situaciones que afecten de manera severa al funcionamiento de las empresas como clientes del banco, mejorando la relación entre riesgo y rentabilidad de la inversión crediticia. Desde Icloby, y por nuestra sensibilidad hacia estas cuestiones, seguiremos atentamente los desarrollos que se vayan produciendo en temas que son hoy prioritarios en la Unión Europea.

 

 

 

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