POBREZA Y CONFINAMIENTO

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Con la llegada del coronavirus, los gobiernos se vieron obligados a implementar diversas medidas para garantizar la seguridad de sus ciudadanos y frenar la propagación de la enfermedad. Una de las principales medidas consiste en el confinamiento de la población. A pesar de que estas estrategias son sumamente molestas para los ciudadanos, una investigación publicada en The Lancet Infectious Diseases señala que el distanciamiento social y el cierro de centros educativos y laborales son muy eficientes en esta lucha.

Sin embargo, los científicos también mencionan que estas medidas significan una gran reducción en los ingresos de los países y un aumento en la pérdida de empleos, consecuencias que impactarán a las poblaciones más desfavorecidas. Contrario a lo que se piensa, la pandemia no solo debe abordarse desde el ámbito médico, sino que se debe tomar un enfoque multidisciplinario. En este caso, el objetivo serían que especialistas en economía, psicología y sociología trabajen en conjunto para ayudar a la población más desfavorecida.

En este contexto, la población desfavorecida estaría compuesta por adultos mayores, migrantes en situación irregular, reclusos, personas con discapacidad, personas sin hogar o en situación de pobreza extrema. A pesar de que las medidas de confinamiento son efectivas en la lucha contra el coronavirus, también es cierto que los individuos pertenecientes a este tipo de población no podrán seguir estas medidas con la misma facilidad o libertad que otras personas.

En un artículo de opinión, Manuel Franco, profesor de Epidemiología de la Universidad de Alcalá en Madrid y de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins, señala que las medidas adoptadas por los gobiernos pueden aumentar la desigualdad en la población. Esto es especialmente cierto en países en vías de desarrollo, sin protección social y cuyos sistemas sanitarios no están preparados para afrontar una crisis como esta.

Dado que el ámbito de la salud está enfocado en encontrar una cura y cuidar a los enfermos, los profesionales de las ciencias sociales juegan un papel determinante en este tipo de entorno. Los psicólogos y los economistas son dos pilares fundamentales en esta pandemia. Los economistas, por ejemplo, cuentan con los conocimientos necesarios para asesorar a la administración y a las empresas. Con su ayuda, se pueden buscar estrategias para afrontar crisis económicas y proteger a las poblaciones más vulnerables.

Por su parte, los psicólogos pueden ayudar a la población a comprender aquellos comportamientos y emociones (miedo, desinformación, estrés) que pueden orillarlos a abandonar la cuarentena y, como resultado, exponerse a la enfermedad. Sin duda, ante una crisis como la que enfrentamos, los gobiernos y las instituciones deben asegurarse de tomar las medidas necesarias para proteger a toda la población, incluyendo a aquellas áreas afectadas por la pobreza extrema.

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