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Autora: Daniela Yazigi. Psicóloga especializada en Psicología Laboral. Diplomada en Coaching, Negocios y Estrategia. Socia Directora de empresa consultora.  Máster en Dirección de la Responsabilidad Social Corporativa en el marco de los ODS.

 

Numerosos analistas están coincidiendo en que la pandemia de Covid-19 está provocando profundas alteraciones en los supuestos del sistema político, económico y social en el mundo entero, como no se había visto desde la Segunda Guerra Mundial.

Más de un millón doscientas mil personas fallecidas a nivel mundial a fecha de hoy (OMS, Noviembre 2020, https://www.who.int/es/emergencies/diseases/novel-coronavirus-2019 , https://coronavirus.jhu.edu), sistemas sanitarios colapsados, desempleo desatado, escuelas paralizadas, el impacto del cierre de fronteras (Universidad Johns Hopkins, Coronavirus Resource, https://coronavirus.jhu.edu), el proteccionismo económico, el multilateralismo cuestionado, una explosión de deuda pública en la mayoría de las economías del mundo, gobiernos sin respaldo ciudadano, agudas tensiones sociales, y un sinfín de otros fenómenos que reflejan una crisis multisistémica.

Sin duda parece el fin, pero no lo es. Más temprano que tarde,pasará la tormenta y los sistemas buscarán nuevos equilibrios, con procesos de regulación que no serán fáciles, ni estarán libres de conflictos, pero que encausarán transformaciones significativas respecto del mundo que habitábamos hace tan solo un año atrás.

Pero, ¿qué pasará con el capitalismo?

La realidad es que el tradicional rol de la empresa -generar riqueza y empleo- ha empezado a mutar al ritmo de la agenda de sustentabilidad. Empíricamente, hace tiempo que la empresa como agente económico le ha empezado a ceder espacio a la empresa como actor social.

Estamos frente a un cambio sin retorno, en el que se reformularán tanto los roles del sector público como privado. De no aprovechar este escenario social y de post-pandemia perderíamos un momento crucial para poder marcar la diferencia entre el viejo capitalismo y uno nuevo con mayor articulación público-privada, en el que las empresas sean exitosas por ser sustentables y no a pesar de ello.

Requerimos de un “reseteo” y para aprovecharlo es indispensable activar nuevos liderazgos con nuevas competencias, tolerancia, capacidad de autocrítica y capitalizar las lecciones aprendidas.

Necesitamos de nuevos liderazgos más inclusivos, más diversos y, desde ya, con muchas -muchísimas- más mujeres protagonizando estos procesos. Liderazgos que cuenten con una mirada de sustentabilidad social, ambiental y económica como marca de un nuevo capitalismo emergente. La buena noticia es que no partimos de cero, contamos con una gran orientación, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y acuerdos internacionales para su consecución.

Por último, debemos recordar que tanto los mercados, como también, la globalización, son meros instrumentos carentes de sentido, pero en búsqueda de propósito. Es por eso que, un nuevo liderazgo político, social, empresarial, sindical y de la sociedad civil deberá proveer aquellos valores y principios que sean los pilares de un nuevo capitalismo, más sustentable,inclusivo, diverso y como no, colaborativo.

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