Cuando se planta una semilla de bambú, la riegas todos los días, cuidas la tierra y esperas… Pasa un año y nada… Pasan dos años y nada… Pasan tres años y nada…Pasan cuatro años y sigue sin ocurrir nada…Pero al quinto año, en solo seis semanas, el bambú crece más de 30 metros.
Algunos piensan que el bambú tardó sólo seis semanas en crecer. Realmente tardó cinco años, porque durante esos cinco años, el bambú estaba desarrollando raíces profundas. Sin esas raíces, el bambú se habría caído al primer viento fuerte.
Al final, el esfuerzo invisible precede al crecimiento visible. El esfuerzo normalmente no se ve, es interior y no se valora. Nuestra cultura aplaude el resultado, el logro, el reconocimiento y olvida el proceso.
El esfuerzo no necesita verse para tener valor, lo tiene en sí mismo, sólo necesita coherencia. La coherencia está en nosotros. Sólo en nosotros. Si sólo lo haces para que otros lo validen, esto te agota. Si lo haces porque a la vez que te esfuerzas por un proyecto, sabes que también te construyes a ti mismo, te apasiona y apasionas, se vuelve sostenible y forma parte de tu vida.
Supongo que el duro principio y los reveses hacen que hoy nos parezca impresionante, tener otro hospital más. Esta investigación y las siguientes que nos vendrán en breve, será un legado de la Fundación, de esperanza y trascendencia, necesario en los momentos de crisis.
Es importante recordar una vez más a Wiliam James cuando hablaba del esfuerzo como acto interno de voluntad y que “el mayor descubrimiento de su generación fue que un ser humano puede cambiar su vida cambiando su actitud”, y eso teniendo en cuenta que el esfuerzo es silencioso, repetido, casi invisible… pero transforma el carácter.
En un escenario donde los acontecimientos nos marcan el presente y nos anuncian un futuro polarizado entre materialismo, transhumanismo y una humanidad compartida y transcendente el carácter va a ser determinante.
Xavier Melo PhD
Director Fundador
Fundación Icloby

