La actividad cerebral y las ECMs

Firmado por Angeli-Faez, Greyson y Van Lommel, el artículo publicado en International Review of Psychiatry, aborda una cuestión fundamental y que es bienvenida, aunque llega algo tarde: si la actividad cerebral residual tras una parada cardiorespiratoria (PCR) puede explicar las Experiencias Cercanas a la Muerte (ECMs).

Firmado por Angeli-Faez, Greyson y Van Lommel, el artículo publicado en International Review of Psychiatry, aborda una cuestión fundamental y que es bienvenida, aunque llega algo tarde: si la actividad cerebral residual tras una parada cardiorespiratoria (PCR) puede explicar las Experiencias Cercanas a la Muerte (ECMs).

En primer lugar, los autores, se plantean si la actividad cerebral residual (ACR), puede dar lugar a una ECM o si la conciencia se da al margen del cerebro. Para ello, se plantea que la actividad consciente, depende de la actividad en diferentes áreas del cerebro con cierto nivel de oxígeno y glucosa, que queda drásticamente interrumpido bajo la PCR.

Si se asume que el cerebro causa la conciencia, entonces, necesariamente, las ECMs deben producirse poco antes o poco después de la PCR. Lo primero es descartable, ya que la ECM ocurre cuando ha habido una parada respiratoria y no antes, cuando la actividad cerebral es la natural y ordinaria.

Seguidamente los autores ahondan en el aspecto, (rara vez tratado desde un punto de vista naturalista), más interesante de las ECMs: los casos de ECMs con contenido verificado por los doctores de forma independiente y sin posibilidad de conocimiento ordinario por parte de quien tiene la experiencia.

Este tipo de experiencias proporciona dos elementos delicados para las interpretaciones materialistas de las ECMs:

            1. La propia experiencia extrasensorial y no alucinatoria.

            2. La temporalización, esto es, situar la experiencia en un tiempo en el cual no hay ni rastro de ACR.

Para las interpretaciones naturalistas o materialistas, el cerebro es la causa de la conciencia; estas perspectivas, mediante el trabajo de Borgijin, Martial o Chawla, han tratado de relacionar dicha ACR con las ECMs. Sin embargo, Angeli-Faez, Greyson y Van Lommel cuestionan que los registros de electroencefalogramas (EEGs) puedan suponer mediciones adecuadas de actividad consciente.

En primer lugar, porque esas mediciones no se corresponden con la totalidad de áreas cerebrales asociadas con la conciencia; en segundo lugar, porque los EEGs sufren una fuerte disminución de las bandas alfa y beta, relacionadas con la conciencia en múltiples trabajos: cabe recordar que, de las cinco frecuencias de ondas cerebrales que mide un EEG: alfa, beta, gama, delta y zeta. Las dos primeras son las que se asocian con la experiencia mental consciente. Precisamente, en otros trabajos que tratan de relacionar la ACR con la ECM, como el de Sam Parnia, ambas frecuencias desaparecen o no aparecen cuando se reporta una ECM, lo que dificulta o aún imposibilita la relación ACR-ECM.

Como conclusión, los tres autores afirman lo que las ECMs sugieren: que se producen cuando no hay actividad cerebral y, por tanto, apuntan a la independencia entre actividad cerebral y actividad consciente.

Òscar Llorens i Garcia

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