Cuando Susana Fernández se reúne a compartir con personas que están en duelo, es cuando entiende para qué regresó y por qué desde el momento en que lo hizo tuvo tan claro el motivo: compartir lo que le pasó. Como ella dice, a veces las historias tristes y que lo hacen a uno sufrir, también le cambian la vida para bien.
La sensación era de paz y alegría, recuerda que sonreía porque ya no tenía ni dolor y el sufrimiento había desaparecido. Se iba deslizando hacia unas personas que veía y que sabía que eran sus familiares y amigos que estando muertos la estaban esperando. No podía estar mejor, la felicidad era máxima, fue algo que solo sintió en ese momento y que no tiene cómo explicarlo.
De repente, todo cambió. Volvió a apretar sus manos, regresó el dolor, el abandono y el sufrimiento y supo que la vida tenía que seguir para contar lo que le había pasado. En toda esta experiencia, seguía en coma.
Hoy para Susana la vida merece vivirse bien y con plenitud.
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