Cuando el amor permanece

Victor Hugo conoció uno de los dolores más profundos que puede experimentar un ser humano. Su hija Léopoldine murió trágicamente ahogada, con tan solo 19 años, junto a su marido. La pérdida lo sumió en un profundo duelo que lo acompañaría durante años.

Nunca la olvidó.

Tiempo después, en uno de sus poemas más íntimos, “Demain, dès l’aube…” (Mañana, al amanecer…), escribió evocando el camino que recorría para visitar su tumba. El poema termina con un gesto sencillo y profundamente simbólico:

«Y cuando llegue, pondré sobre tu tumba
un ramo de acebo verde y de brezo en flor.»

Quizás el duelo sea también eso. Seguir llevando flores, reales o simbólicas, a quienes ya no podemos abrazar. Comprender, poco a poco, que superar un duelo no significa olvidar, sino aprender a vivir de otra manera desde nuestra esencia en el presente, ofreciendo todo el amor y el acompañamiento del ser ausente a otros seres humanos.

Estas últimas semanas, desde Fundación Icloby, hemos tenido varias veces el privilegio de acompañar a personas que están recorriendo ese difícil camino. Madres y padres que han perdido a sus hijos. Personas que han perdido a su pareja. Seres humanos que, de un día para otro, han visto cómo el mundo que conocían cambiaba dramáticamente para siempre.

Escuchar sus historias nos recuerda la enorme capacidad del ser humano para seguir adelante incluso cuando parece que ya no quedan fuerzas.

Hay madres y padres que, con el tiempo, encuentran una forma extraordinaria de transformar su dolor: comienzan a ofrecer a los demás una parte del inmenso amor que antes entregaban cada día a sus hijos o seres ya ausentes. No porque hayan dejado de quererlos. Precisamente porque continúan queriéndolos.

El amor no desaparece.
Se transforma.

Y algunas veces encuentra nuevos lugares donde expresarse: ayudando a otras familias, acompañando a quien empieza ahora el mismo camino, creando proyectos, compartiendo experiencias o, simplemente, estando al lado de otra persona que sufre y escuchándola. También profundizando en su mundo interior.

Quizás esta sea una de las formas más profundas de crecimiento humano: conseguir que el amor sea más grande que nuestra propia pérdida.

Nosotros solo podemos acompañarlos en ese camino. Escuchar. Estar presentes. Dar nuestro testimonio. Respetar sus tiempos y sus silencios. Y recordarles, cuando sea necesario, que no tienen por qué recorrerlo solos.

El amor crece y se expande, dando.

Xavier Melo PhD

Director Fundador
Fundación Icloby

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