Cuando ocurre una muerte hay un antes y un después. Y cuando la causa de ésta es el suicidio, la intensidad de estas etapas, se acentúa.
En el testimonio de Montse Gómez, ese antes jamás le permitió intuir que su esposo se suicidaría. Nada lo indicaba. Por eso, su después, fue más difícil de lo que comúnmente es, cuando lidiamos con la partida de un ser querido.
Las experiencias que empezaron a manifestarse en su vida tras la muerte de su esposo la llevaron a rendirse a la evidencia de que era él quien se comunicaba a través de ellas. Así comenzó a cuestionar lo que siempre había pensado: que no había nada después de la muerte. Entró en una etapa de búsqueda para comprender qué era lo que le estaba pasando. Lecturas, cursos de formación, consultas con médiums, fueron contundentes para obtener las pruebas que despejarían sus dudas.
Hoy entiende que la Conciencia no desaparece con la muerte física. Se formó como médium para ser un puente de amor entre ambos mundos y como acompañante al final de la vida, para estar ahí en Presencia cuando quien está partiendo, la necesita.
Cómo fue su transformación, nos lo cuenta en esta entrevista:




